El mar era su casa. Ya no podía recordar la primera vez que se había subido a un barco. Le gustaba navegar, esa soledad que muchos no entendían. Pero jamás se está solo en el mar. Algo con lo que siempre se puede contar es con ese murmullo del mar, el sonido de las olas que jamás se calla. Uno aprende primero a ignorar ese sonido, y luego aprende a amarlo. Muchos lo llamarían ruido, las olas golpeando entre sí, el sonido del mar contra el barco, gotas que saltan y caen nuevamente con un murmullo infinito. Ese murmullo aparentemente no tiene sentido, pero con el tiempo se aprende la verdad. Uno está rodeado de voces, voces que te hablan, que te llevan a la calma, a la tranquilidad, voces, una voz que te habla directamente, y escuchás al mar y entendés, entendés que un ser más antiguo que cualquier ser que conozcas o haya sobre la tierra te está hablando. Y ese ser te dice que aprendas a valorar esa calma, esa tranquilidad, esa paz interior, y que aprendas a escuchar las otras voces que te rodean, prestar atención, aprender, realmente aprender, del sonido del viento sobre las olas, del sonido de las gaviotas, del sonido del barco, la sinfonía de sonidos que siempre nos acompañan pero nunca les llegamos a prestar atención. Si sólo por un momento pudiéramos detener la mente, y escuchar, realmente escuchar, oiríamos esa voz dentro nuestro que nos habla con una sabiduría que ya está casi olvidada. Es una voz que nos habla desde el infinito, en el mar es fácil, muy fácil llegar al infinito, escuchando las olas, escuchando esas gotas de agua que caen, forman una espuma blanca, que ves ir y venir por el azul verdoso del mar, ese azul verdoso que se hace azul celeste mucho más allá, adelante, en el horizonte, esa línea recta que está, justamente, en el infinito, una línea que divide el azul celestial del azul profundo del mar, esa línea con manchas blancas, nubes, con formas caprichosas, pero, que igual que el mar, esas formas blancas y grises, lejanas, también tienen algo que mostrarnos.
 Así, mirando el horizonte lejano, mirando esas formas, recordaba, veía con el ojo de la mente un tiempo pasado, lejano en el tiempo como en el espacio, veía el mar, veía unos acantilados, veía una casa, veía un fuego dentro de la casa, veía esas formas que dibujaban las llamas, como un animal vivo, devorando la madera, llamas rojas, algunas azules, chispas saltando y girando por el aire, dibujando formas, espirales, líneas rectas, las sombras de la casa bailando a su alrededor, recordaba, iluminado sólo por ese fuego, esa luz danzante, una luz que iba y venía como el mar. Recordaba el blanco amarillento y viejo de un libro, se veía a si mismo girando las páginas, contemplando los grabados de color negro y pintados con infinitas líneas finísimas, recordaba el libro claramente, la textura del papel en sus manos, el olor ligeramente húmedo, con algo de polvo, el peso del libro en sobre sus piernas, esa sensación de calma, de seguridad, el peso de su propio cuerpo, el calor del hogar, el suave aroma a humo, la tranquilidad que sentía mientras tenía ese libro en las manos, la seguridad, la calma, la felicidad.
 Recordaba que el libro trataba sobre un explorador, alguien que recorría infatigablemente el mundo buscando, sin cansarse, sin dejarse llevar por el abandono, alguien con el peso de una misión sobre sus hombros, alguien con la fuerza necesaria para empujar cualquier obstáculo que impidiera su camino. Recordaba especialmente un capítulo, donde el explorador había sido arrastrado por las circuntancias a un lugar perdido, olvidado, sentía la soledad y el infinito cansancio de su viaje sin fin. En esa incómoda situación en la que se encontraba, había conocido a una persona que le hacía sentir bien, que le ayudaba a levantar de sus hombros buena parte del peso de su viaje. Esa persona podía sentir adentro suyo, sin dudas, que el explorador estaba buscando algo, algo que el mismo no conocía, que ni siquiera sabía que estaba buscando. El verdadero problema que le hacía sentir esa fría incomodidad era otro. Había notado que, en sus sueños, el explorador se agitaba, se movía como peleando con algo invisible, algo se agitaba adentro suyo, algo que no sabía cómo controlar.
 Esta persona, con la sabiduría que sólo pueden tener los verdaderos puros de espíritu, le había enseñado algo. Muchas veces, cuando el explorador estaba como ausente, pensando en algo que le incomodaba demasiado como para pedir ayuda, había visto que sus ojos miraban al infinito. Una vez le preguntó qué veía cuando miraba al infinito, y el explorador le contó qué era eso que veía y le preocupaba tanto. Entonces le dijo que seguramente esa imagen estaba demasiado cerca, demasiado presente, le dijo que, con la mano de su mente, empuje esa imagen hacia atrás hasta que su tamaño sea manejable. Si bien al principio le costaba entender qué significaba eso, probando descubrió que si realmente, literalmente, empujaba esa imagen hacia atrás podía darle un tamaño manejable, hasta sentirse cómodo con esa imagen y podía dejarla en un lugar que le permitía ver ese problema con claridad. A veces esa imagen tenía sonido, y también descubrió que podía hacer lo mismo con esos sonidos, bajarles el volúmen hasta que se convirtiesen en un murmullo tranquilizador, o reemplazarlos por el murmullo del mar, o agregarle palabras que le hacían sentir mejor, más cómodo y más seguro. También descubrió que a veces estaba tan metido en esa imagen de sus problemas que no podía verse a si mismo solucionarlos, y, simplemente, debía dar un paso hasta pararse atrás de si mismo, y verse a sí mismo en esa situación molesta, desde afuera, desde arriba, o desde atrás, más lejos o más cerca, y así podía tener una nueva perspectiva sobre su problema.
 No recordaba cuál era el problema del explorador, aunque recordaba el libro con exactitud, también recordaba la casa donde lo había leído, sobre esos acantilados, frente al mar, un mar igual al que ahora enfrentaba en su barco, todos los días, como hoy, que miraba el horizonte y recordaba, mientras oía el ruido del mar y las olas, y recordando podía sentirse maravillosamente bien, despierto y alerta nuevamente, llevándose esa calma y esa paz y esos aprendizajes, adonde fuera que realmente los necesitara.
 

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textos anteriores por  fernando bonsembiante
los siguientes textos son sacados del libro ´existe la vida antes de la muerte?´ recopilación por Steve Andreas
gracias a la producción del Big Bang por el separador de René Lavand
 

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 La madurez es hacer lo que querés hacer aunque tu madre piense que es una buena idea.

 Paul Watzlawick

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 El más grande tonto puede hacer más preguntas que las que puede contestar el hombre más sabio.

 Charles Caleb Colton

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 Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana, pero no estoy tan seguro acerca del universo.

 Albert Einstein

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 Cuando un hombre estúpido esta haciendo algo de lo que está avergonzado, siempre declara que es su deber.

 George Bernard Shaw

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 La lógica es una manera organizada de equivocarse con confianza.

 Karl Popper.

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 Por supuesto que hay robots entre nosotros. También hay magos entre nosotros. Pienso que nos turnamos actuando cada rol, en efecto. El mago define una realidad y el robot vive en ella.

 Robert Anton Wilson

 <pegar separador de René Lavand>

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 ¿Qué sé sobre lo que yo soy, sobre lo que es cada uno de nosotros? Y volví rápidamente a la realidad de la humanidad naciendo desnuda, indefensa, ignorante, estando hambrienta y sedienta y curiosa, lo que nos empujó a aprender por prueba y error. Tenemos que cometer un número enorme de errores para llegar a cualquier lado. No tenemos ninguna idea de cuánto tiempo nos tomó inventar las palabras, para que pudiéramos ayudarnos los unos a los otros con la información que estuvimos aprendiendo de nuestros errores. Hace apenas 8.000 años que se inventó la escritura, para que los muertos puedan decirle a los vivos qué habían descubierto.

 Buckminster Fuller

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 Una sola libertad, tomada aisladamente, es débil, insegura, y fácilmente puede errar en sus tanteos. Una totalidad de libertades, actuando libremente, acaba siempre por hallar su camino.

 Teilhard de Chardin

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 Un camino es sólo un camino; si sentís que no deberías seguirlo, no debés permanecer con él bajo ninguna condición. Para tener tal claridad tenés que llevar una vida disciplinada. Solo así vas a saber que cualquier camino es sólo un camino, y no es una ofensa, para uno mismo o para otros, dejarlo si es lo que tu corazón te dice. Pero tu decisión de seguir en el camino o dejarlo debe estar libre de miedo o ambición. Te lo advierto. Mirá muy de cerca y deliberadamente a cada camino. Probalo todas las veces que lo creas necesario. Esta pregunta es una que sólo hace un hombre muy viejo. Mi benefactor me lo dijo cuando yo era muy joven, y mi sangre era demasiado vigorosa como para que yo lo entienda. Ahora lo entiendo. Les voy a decir cuál es esta pregunta: ¿Este camino tiene corazón?
 Todos los caminos son iguales: no llevan a ninguna parte. Hay caminos que van a través de los arbustos o dentro del arbusto. En mi propia vida puedo decir que atravesé caminos largos, muy largos, pero no estoy en ninguna parte. La pregunta de mi benefactor ahora tiene significado. ¿Este camino tiene corazón? Si lo tiene, el camino es bueno; si no, no sirve para nada. Ambos caminos llevan a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace una viaje alegre, mientras lo sigas, sos uno con el camino. El otro va a hacerte maldecir tu vida. Uno te hace más fuerte, el otro te debilita...
 Un camino sin corazón nunca es disfrutable. Tenés que trabajar mucho incluso para tomarlo. Por otro lado, un camino con corazón es fácil, no te cuesta trabajo que te guste... Antes de embarcarse en él tenés que hacerte la pregunta: ¿Este camino tiene corazón? Si la respuesta es no, vas a saberlo, y entonces tenés que elegir otro camino... El problema es que nadie hace esa pregunta, y cuando un hombre finalmente se da cuenta de que tomó un camino sin corazón, el camino está listo para matarlo. En ese punto pocos hombres pueden parar a pensar y dejar el camino...
 Para mí existe sólamente el viajar por caminos con corazón, en cualqier camino que pueda tener corazón. Por ahí viajo, y el único desafío que vale la pena es atravesarlo en toda su longitud. Y por ahí viajo, buscando, buscando, sin aliento.

 Carlos Castaneda
 

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 Si pensamos en la existencia del individuo como una habitación más grande o más pequeña, se hace evidente que la mayoría de la gente aprende a conocer sólo una esquina de su habitación, un lugar junto a la ventana, un pedacito de suelo que recorren caminando. Entonces tienen una cierta seguridad. Y aún así esa peligrosa inseguridad es mucho más humana, es lo que lleva a los prisioneros de las historias de Poe a sentir con sus manos las formas de sus horribles catacumbas y no ser extraños al terror inexpreable de su prisión. Nosotros, de todas maneras, no somos prisioneros. No tenemos trampas sobre nosotros, y no hay nada que debiera intimidarnos o preocuparnos. Nos asentamos en la vida como en el elemento al cual mejor correspondemos, y sobre y por encima de esto, a través de miles de años de acomodación nos hacemos tan parecidos a esta vida, que cuando nos quedamos quietos somos, a través de una alegre mímica, escasamente distintos a todo lo que nos rodea. No tenemos ninguna razón para desconfiar de nuestro mundo, porque no está en contra nuestro. Si tiene terrores, son nuestros terrores, si tiene abismos esos abismos nos pertenecen, cuando hay peligros cercanos, tenemos que tratar de amarlos. Y si solamente acomodáramos nuestra vida de acuerdo a ese principio que nos aconeja que siempre debemos continuar con lo difícil, entonces lo que ahora todavía nos parece lo más extraño se va a convertir en lo que más confiamos y en lo que encontramos como más fiel. Cómo podemos olvidar esos viejos mitos sobre dragones que al último momento se convierten en princesas, quizá todos los dragones de nuestra vida son princesas que sólo están esperando vernos de una vez, hermosos y valientes. Quizá todo lo terrible es, en su ser más profundo, algo indefenso que necesita nuestra ayuda.

 Rainer María Rilke

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 Hace muchos años fui invitado por un siquiatra de la fuerza aérea para ir a su base y enseñarle a sus empleados un poco de terapia gestáltica. Después de mi charla, Bill me contó sobre su dissatisfacción con la vida militar. Habló sobre el salario y de todos los beneficios que lo mantenían ahí, y todas las reglas y restricciones que le molestaban. En algún punto dijo "pago un precio terrible por todos esos beneficios." Yo, tratando de ser simpático, dije: "bueno, me imagino que todos tenemos nuestro precio", queriendo decir que todos hacemos elecciones difíciles y compromisos en un mundo menos que perfecto, y que esos beneficios raramente vienen sin alguna clase de "precio".
 Mucho más tarde, de casualidad, descubrí que ese simple comentario de alguna forma condujo a Bill a examinar cuidadosamente el precio que estaba pagando, y a decidir que no lo quería seguir pagando. Como recién había firmado por otro período de tres años, no podía simplemente renunciar. Entonces simuló una depresión psicótica, tiró a la basura las drogas que le dieron, y poco después fue relevado del servicio, libre para buscar una nueva vida con un precio diferente.
 Sé que han habido muchas veces cuando un simple comentario de alguien ha cambiado la dirección de mi vida, y ¿cuántos más hubieron que yo ni siquiera noté?
 Robert Fulghum escribió acerca de una historia sufí en la cual Dios decide recompensar a un buen hombre dándole un deseo. El hombre deseó hacer el bien a otros sin saberlo. Y Dios decidió que era tan buen deseo que se lo dió a todo el mundo.

 Steve Andreas

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 Había una vez un topo que vivía en un bosque, caminaba de aquí para allá, iba de un lado a otro, jugaba con sus amigos, trepaba a los árboles con los monos, saltaba de rama en rama con la ardilla, atrapaba moscas con las arañas, perseguía mosquitos con la lagartija, nadaba con el castor y corría con el conejo. Así pasaba el día, pero a la caída del sol, ya todos sus amigos se iban para sus casas, y lo invitaban a comer y dormir.
 Los Lunes se iba a lo del mono, comía frutas y dormía arriba de los árboles.
 Los Martes iba con la ardilla, comía nueces y avellanas y dormía en un hueco en el árbol.
 Los Miércoles iba con la araña, comía moscas, mariposas y dormía debajo de la tela.
 Los Jueves iba con la lagartija, comía mosquitos y dormía entre las piedras.
 Los Viernes iba con el castor, comía pescado y dormía en el río.
 Los Sábados iba con el conejo, comía raíces y dormía entre los pastos.
 Pero él nunca se sentía cómodo, o dormía mal por haber poco lugar, o muy alto, o muy húmedo, o pasaba mucho frío o mucho calor; además a veces se quedaba con hambre o la comida le daba indigestión o asco, o repugnancia dependía el plato del día.......
 Con el pasar de las semanas, el topo se encontraba apesadumbrado, triste, lloraba constantemente, se le erizaban los pelos sin motivo, realmente sabía muy poco lo que quería hacer. Todos sus amigos viéndolo de esa manera estaban preocupados y se preguntaban que podían hacer para ayudar al amigo. Así pasó un tiempo más......"Ya sé-dijo la ardilla- vamos a enseñarle lo que debe hacer" Todos se pusieron tan contentos que organizaron una fiesta que duró siete días seguidos.
 El Lunes apareció el mono y le dijo:"Topo querido, estuve pensando, y creo que debo enseñarte a cazar termitas con una ramita" al topo le despertó curiosidad, como toda cosa nueva y pensó "Por qué no?"Y aceptó.  El mono le enseñó la estrategía básica para cazar termitas sin ser atacado, cazaron y comieron termitas toda la mañana. Aprendía muy facilmente. Al mediodía le dijo al mono "Gracias......, por lo nuevo pero tengo que irme....., a la noche nos vemos". Se hizo de noche y fue a dormir a los árboles.
 El Martes apareció la ardilla y le dijo "Topo, creo que debo enseñarte a pelar bellotas" "Porque no"-dijo el topo. Y así pasaron toda la mañana pelando y comiendo bellotas, hasta que el topo dijo,"Gracias.....pero tengo que irme". Y salió sin rumbo fijo. Volvió a la noche y durmió en el hueco del árbol.
 El miércoles se encontró con la araña y esta le enseñó a como hacer tela para cazar insectos, hizo una tela perfecta y hasta cayeron insectos en su tela de juncos que él mismo había ideado.
 Aprendió todo lo que sus amigos querían que aprendiera, pero lo ponía en práctica eficazmente, y al rato decía:"Gracias...., pero tengo que irme....a la noche nos vemos". Así pasaban sus días. El Domingo estaba pensando y pensando en que hacer......Repentinamente siente que sus patas comienzan a temblar, escucha un ruido nunca escuchado, la tierra comienza a abrirse. Vuelve la calma del bosque, se acerca cautelosamente y ve que del hueco comienza a salir algo, alguien, solo ve el par de ojos, ya está demasiado cerca... Salta un ovillo marrón, el topo cae hacia atrás....Tirado en el piso y esperando lo peor, respira profundamente, abre los ojos, vé una mano tendida hacia él y escucha "Agarre mi mano que le ayudo". Ya incorporado mira a este ser surgido de las profundidades, y se dá cuenta de que es un animal como él pero bastante más viejo ya que tenía la barba blanca. "Que hace acá en el bosque, venga conmigo que tiene que aprender como ser un topo" y se hundió en el lugar del cual había salido...El jóven topo empezó a pensar en lo que le había ocurrido, y sintió que una voz interna lo impulsaba a las profundidades. Todavía dudando, se acercó al hueco negro, y tanteando se adentró en la oscuridad.
 El pasadizo era demasiado estrecho, las raíces le raspaban el cuero, veía muy poco, el aire le faltaba, lentamente comenzó a respirar mejor, las raices le dejaron de molestar ahora eran como caricias, empezó a ver mejor, y se dio cuenta que sus patas delanteras agrandaban el túnel cuando era demasiado estrecho, y con qué facilidad se desplazaba, que cómodo era todo. Continuó caminando hacia una luz más brillante, al llegar y asomar su cabeza, vió una gran galería que se extendía en todas direcciones,yescuchó"Bienvenido, lo estaba esperando...... Tiene que aprender lo que necesite aprender........Acompañame." "Vení, antes de empezar tenes que recuperar fuerzas", le dio agua y le acercó un plato con un montón de lombrices. Comió y tomó todo, por primera vez en su vida se sentía satisfecho. Descubrió lo que lo alimentaba."Bueno, ahora sí, vamos a pasear" Salieron por los túneles ya hechos, hacían otros nuevos, conocía nuevos lugares, nuevas galerías, algunas tenían cofres con oro, otras tenían cántaros con semillas, en otras encontraba familias muy grandes de topos, otras eran criaderos de lombrices, en otra había un río de agua verde muy brillante; el topo se maravillaba de lo que iba aprendiendo, y quería conocer cada vez más. Se encontraba muy a gusto. Llegado determinado momento, se dio cuenta que ya era hora de descansar, miró al topo viejo y este le dijo,"Ahora tenés que encontrar tu lugar" Y desapareció por uno de los túneles.
 El topo olfateó, hizo un túnel nuevo hasta un lugar que le pareció el adecuado, construyó una galería, buscó algunas lombrices, comió y se acostó a dormir plácidamente. Pasaron los días, y el afán de descubrimiento era cada vez mayor, cada día volvía al interior de su casa, recuperaba fuerzas y pensaba en lo que había visto.
 Ahora, de vez en cuando, vuelve al bosque, visita a sus amigos, pela algunas bellotas, se divierte cazando termitas, atrapa moscas, salta entre la piedras, se sienta sobre las patas traseras y levanta las orejas, construye diques, para luego ir a comer lombrices y descansar plácidamente en su casa......

 Leandro Sarrasín

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Yo soy yo
(Autoestima)
Por Virginia Satir
Yo soy yo
En todo el mundo no hay nadie como yo.
Hay personas que tienen algo en comun conmigo, pero nadie es exactamente como yo
Por lo tanto, todo lo que surge de mi es verdaderamente mio porque yo sola lo escogi
Soy dueña de todo lo que me concierne:
De mi cuerpo, incluyendo todo lo que hace;
mi mente, incluyendo todos sus pensamientos e ideas;
mis ojos, incluyendo las imagenes de todo lo que contemplan;
mis sentimientos, sean lo que sean, ira, gozo, fustracion, amor, desilusion, exitacion;
mi boca, y todas las palabras que de ella salen, corteses, tiernas o rudas, correctas o incorrectas;
mi voz, fuerte o suave,
y todas mis acciones, ya sean para otros o para mi misma.
Soy dueña de mis fantasias, mis sueños, mis esperanzas, mis temores.
Soy dueña de todos mis triunfos y logros, de todos mis fracasos y errores.
Como soy dueña de todo mi yo, puedo llegar a conocerme intimamente.
Al hacerlo, puedo amarme y ser afectuosa conmigo en todo lo que me forma.
Puedo asi hacer posible que todo lo que soy trabaje para mi mejor provecho.
Se que hay aspectos de mi misma que me embrollan,
y otros aspectos que no conozco.
Mas mientras siga siendo afectuosa y amorosa conmigo misma,
valiente y esperanzada, puedo buscar las soluciones a los embrollos
y los medios para llegar a conocerme mejor.
Sea cual sea mi imagen visual y auditiva,
diga lo que diga, haga lo que haga, piense lo que piense y sienta lo que sienta
en un instante del tiempo,
esa soy yo. Esto es real y refleja donde estoy en ese instante del tiempo.
Mas tarde, cuando reviso cual era mi imagen visual y auditiva,
que dije y que hice, que pense y que senti,
quiza resulte que algunas piezas no
encajen.
Puedo descartar lo que no encaja y conservar lo que demostro que si encaja.
E inventar algo nuevo en vez de lo que descarte.
Puedo ver, oir, sentir, pensar, decir y hacer.
Tengo las herramientas para sobrevivir,
para estar cerca de otros, para ser productiva,
y para encontrar el sentido y el orden del mundo formado por la gente y las cosas que me rodean.
Soy dueña de mi misma,
Y por ello puedo construirme.
Yo soy yo
y estoy bien.
 

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 Siendo un estudiante sin un centavo en a Universidad de Brandeis a fines de la década del 50, yo solía caminar a lo largo del cercano río Charles. La mayor parte de la costa eran bosques vírgenes, pero un área estaba regada de grandes casas, rodeadas de grandes céspedes que bajaban a muelles de botes. En uno de esos muelles había siempre una canoa de aluminio, dada vuelta para que no se llene de agua de lluvia. Cada vez que pasaba me imaginaba remando en esa canoa a lo largo del río.
 Al final, un día puse mi imaginación a trabajar en algo más útil; me imaginé caminando hacia la puerta de la casa y preguntando si podía usarla. Incluso seguí imaginándome el probable rechazo y la desilusión que iba a sentir. Después de varios días de hacerlo, incluso fuí más lejos imaginándome la alternativa mucho menos probable de que el dueño de la canoa pudiera estar de acuerdo con dejarme usarla. Con ambas alternativas en la mente, podía compararlas. Por un lado, la casi segura probabilidad del rechazo y unos breves momentos de desilusión. Por otro lado, la muy pequeña posibilidad del acuerdo, y horas y horas de placer en canoa. Mirándolo de esa manera, tenía mucho para ganar, y muy poco que perder, así que caminé hacia la puerte y golpeé.
 Para mi gran sorpresa, la gente que poseía la canoa en realidad se alegraron de mi propuesta. Muchs veces habían pensado lo poco que usaban la canoa y deseaban que hubiese más gente que pudiera disfrutarla. Disfruté navegando en canoa durante el resto de ese verano, y el siguiente verano también, explorando kilómetros del río corriente arriba y corriente abajo.
 Desde ese día exploré muchas otras posibilidades improbables, espcialmente cuando me tomaba poco esfuerzo, y el beneficio posible era grande. La mayoría de esas posibilidades no me llevaron a nada, pero las pocas que si hicieron que realmente valiese la pena. No pidas, y no vas a conseguir nada, pedí y vas a recibir, por lo menos algunas veces.

 Steve Andreas

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 La mayoría de la gente piensa que se merecen algo si trabajaron mucho por éso, o si lo desean mucho, o si tienen dinero como para comprarlo. Y muchas veces usan este concepto de merecer como razón por la cual alguien debería darles algo.
 De todas formas, eel único factor relevante en merecer algo es ser capaz de apreciarlo. Si podés apreciar algo completamente, entonces te lo merecés.
 Yo no me merezco una botella de vino fino, aunque puea comprarla, porque no disfruto del vino. Aunque la comprara y me la tomara, no sería realmente mía, porque no significaría nada para mí. Realmente sería tirarle margaritas a los chanchos.
 Pero si puedo apreciar una pintura, me la merezco porque respondo a ella y la encuentro hermosa. Y porque puedo apreciarla, realmente puedo tenerla totalmente, aunque no pueda comprarla.
 Si quieren merecer cosas, aprendan a apreciarlas, y van a ser suyas.

 Steve Andreas

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 Nasrudin estaba caminando por un camino solitario una noche a la luz de la luna cuando escuchó un ronquido, en algún lugar, que parecía estar abajo suyo. De repente, le dió miedo y estaba a punto de salir corriendo cuando tropezó con un derviche acostado en una celda que se había excavado para él, en parte subterrána.
 "¿Quién sos?" preguntó el sabio.
 "Soy un derviche, y este es mi lugar de contemplación."
 "Vas a tener que dejarme compartirlo. Tu ronquido me asustó demasiado y no puedo seguir adelante esta noche."
 "Tomá la otra punta de esta frazada, entonces," dijo el derviche sin entusiasmo, "y acostate aquí. Por favor, permanecé en silencio, porque estoy manteniendo una vigilia. Es una parte de una complicada serie de ejercicios. Mañana tengo que cambiar la rutina y no puedo soportar la interrupción."
 Nasrudin se durmió por un tiempo. Luego se despertó, muy sediento.
 "Tengo sed", le dijo al derviche.
 "Entonces, volvé por el camino, donde hay un arroyo."
 "No, todavía tengo miedo."
 "Entonces, tengo que ir yo en tu lugar," dijo el derviche. Después de todo, proveer agua es una obligación sagrada en el Este.
 "No, no vayas, Voy a tener miedo si me quedo solo."
 "Tomá este cuchillo para defenderte" dijo el derviche.
 Mientras él no estaba, Nasrudin se asustó todavía más, metiéndose en una ansiedad que trató de contraarestar imaginándose cómo atacaría cualquier demonio que lo amenazara.
 En ese momento volvió el derviche.
 "Mantené tu distancia o te mato!" dijo Nasrudin.
 "Pero soy el derviche" dijo el derviche.
 "No me importa quién sos, podés ser un demonio disfrazado"
 "Pero vine a traerte agua! No te acordás, tenés sed!"
 "No trates de congraciarte conmigo, demonio!"
 "Pero esa es mi celda la que estás ocupando!"
 "Mala suerte para vos, ¿no es así? Vas a tener que encontrarte otra."
 "Supongo que si," dijo el derviche, "pero estoy seguro de que no se que pensar de todo esto."
 "Te puedo decir una cosa," dijo Nasrudin, "y es que el miedo es multidireccional."
 "Ciertamente parece ser más fuerte que la sed, o la salud, o la propiedad ajena." dijo el derviche.
 "Y no tenés que tenerlo vos mismo para sufrir por su causa!" dijo Nasrudin.

 Idries Shah

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 Un hombre de conocimiento vive de actuar, no de pensar acerca de actuar, no de pensar acerca de qué va a pensar cuando termine de actuar. Un hombre de conocimiento elije un camino con corazón y lo sigue, y después mira y se alegra y ríe, y entonces ve y sabe. Sabe que su vida va a terminar demasiado pronto, sabe que él, como todos los demás, no está yendo a ningún lugar, sabe, porque ve, que nada es más importante que otra cosa. En otras palabras, un hombre de conocimiento no tiene honor, no tiene dignidad, no tiene familia, no tiene nombre, no tiene país, sólo tiene una vida para vivirla, y bajo esas circunstancias su único vínculo con los demás hombres es su locura controlada. Entonces, un hombre de conocimiento emprende cosas, suda, resopla, y si uno lo mira es igual a cualquier hombre ordinario, excepto que la locura de su vida está bajo control. Ya que nada es más importante que ninguna otra cosa, un hombre de conocimiento elije y actúa, y actúa como si le importara. Su locura controlada le hace decir lo que le importa y le hace actuar como si le importara, y sin embargo sabe que no le importa; entonces, cuando completa sus actos se retira en paz, y si sus actos fueron buenos o malos, o funcionaron o no, no es de ninguna manera parte de su preocupación.

 Carlos Castaneda

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 La primera bañadera de América fue construida en Cincinnati en 1842. Construída de maderas finas, forrada con hojas de plomo, fue exibida en una fiesta de navidad. Al día siguiente los diarios locales la denunciaron como una 'vanidad lujuriosa y democrática'. Los doctores advirtieron que la bañadera iba a ser una amenaza a la salud. El año siguiente, en 1843, Philadelphia prohibió por ordenanza pública bañarse entre el 1 de noviembre y el 15 de marzo (invierno). Dos años después Boston declaró ilegal bañarse excepto con prescripción médica.

 Herbert V. Prochnow

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 Una vez yo estaba con alguien a quien quería mucho, una persona mayor, cuando yo era considerablemente más joven de lo que soy ahora. Esa persona dijo "pasá por lo menos quince minutos por día soñando. Y si soñás cien sueños, por lo menos dos de ellos van a tener vida". Entonces, sigan con un sueño y no se preocupen si puede pasar o no, primero sueñenlos. Mucha gente mató sus sueños imaginándose si podían o no hacerlos antes de soñarlos. Entonces, si sos un soñador de primera clase, soñá, varios sueños, y luego mirá que realidades pueden hacer que sucedan, en vez de decir "oh, Dios, con esta realidad, ¿qué se puede soñar?"

 Virginia Satir

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 Albert Szent-gyorgi, quien ganó un premio nobel por descubrir la vitamina C, una vez describió cómo le gustaba pescar, lo cual era una metáfora de cómo vivía su vida. "Cuando voy a pescar, siempre uso un anzuelo enorme. La gente me pregunta por qué uso un anzuelo tan grande. Les explico que ya sé que no voy a pescar nada, y es mucho más exitante no pescar un pez grande que no pescar un pez chico."

 Steve Andreas

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 Un granjero vivía en una villa muy pobre y lejana de la China. Se lo consideraba bastante acomodado porque tenía un caballo, el que usaba para arar y para transporte. Un día su caballo se escapó y no pudieron encontrarlo. Todos sus vecinos exclamaron cuán terrible era eso, pero el ganjero simplemente dijo "puede ser".
 Algunos días después el caballo volvió, trayendo dos caballos salvajes. Sus vecinos se alegraron por su buena suerte, pero el granjero simplemente dijo "puede ser".
 Al otro día el hijo del granjero trató de cabalgar uno de los caballos salvajes, pero el caballo lo tiró y se rompió la pierna. Los vecinos ofrecieron su simpatía por su mala suerte, pero el granjero simplemente volvió a decir "puede ser".
 La siguiente semana vinieron oficiales de la conscripción para llevarse jóvenes para el ejército. No pudieron llevarse al hijo del granjero por causa de su pierna rota. Cuando los vecinos le dijeron la suerte que tenía, el granjero respondió "puede ser"...

 Steve Andreas

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